Crecer con compromiso social

Tiempos del Mundo

June 9-15, 2005

Jana Silverman

Según las cifras, la globalización económica ya es un hecho. Como muestra de esta afirmación, se puede medir el crecimiento en la inversión extranjera directa (IED) y en la presencia de las empresas transnacionales (ETN) en este rincón del mundo: la Zona Andina.

La IED, definida por el Ministerio de Desarrollo Económico de Bolivia como "los aportes provenientes del exterior de propiedad de personas naturales o jurídicas extranjeras al capital de una empresa, en moneda libremente convertible o en bienes físicos o tangibles, tales como plantas industriales, maquinaria nueva y reacondicionada, equipos nuevos y reacondicionados, repuestos, partes y piezas, materias primas y productos intermedios", aumentó en más del 500 por ciento en la década de los 90 en toda la región de América Latina y el Caribe, pasando de un flujo anual de 15 mil millones de dólares en 1990 a 86 mil millones en 1999, a pesar del crecimiento sostenido de la deuda pública de los países latinoamericanos durante aquellos años.

En años recientes, la IED hacia América Latina ha disminuido debido al freno aplicado a la política de privatizaciones en algunos países y a la crisis económica que padeció la región durante el comienzo de la década del 2000, cayendo a 39,1 mil millones de dólares en el 2003. Sin embargo, según los datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), ya vemos una recuperación de la IED en la región, con inversiones de 56,4 mil millones de dólares en el 2004, un aumento de 44,1 por ciento en comparación con el año anterior.

En la región andina, la IED representa un porcentaje importante del Producto Interno Bruto (PIB) en cada país, con inversiones que alcanzaron 2.530, 1.750 y 1.550 millones de dólares en Venezuela, Colombia y Ecuador, respectivamente, en el 2003, e inversiones de 1.530 millones de dólares en Perú y 999 millones en Bolivia en el 2002.

Principales interesados

Por toda la región andina, las ETN estadounidenses son los inversores más importantes, con las españolas en segundo lugar en la lista de cantidad de inversiones. Entre otras razones, la presencia aumentada de las ETN estadounidenses está relacionada con las preferencias arancelarias conocidas como la Atpdea (Ley de Promoción Comercial Andina y Erradicación de la Droga), otorgadas unilateralmente por Estados Unidos a Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia como premio por su cooperación con las políticas estadounidenses en contra del narcotráfico.

Muchas empresas aprovechan aquellas preferencias para ampliar sus inversiones en sectores no tradicionales. Un ejemplo significativo es el sector floricultor, que hoy en día está al borde de sobrepasar las exportaciones de productos tradicionales como el café en Colombia y los bananos en Ecuador.

Desde 1999, el sector floricultor ha crecido un promedio de 6,5 por ciento en Colombia y 10 por ciento en Ecuador. En el 2003, las exportaciones de flores colombianas alcanzaron 682 millones de dólares y las ecuatorianas superaron los 300 millones. El sector floricultor no es solamente un importante motor de crecimiento económico, sino también una fuente de trabajo significativa, que genera más de 163 mil empleos directos e indirectos en Colombia y casi 100 mil en Ecuador.

Una ETN estadounidense que ha contribuido y se ha beneficiado de esta prosperidad en el sector floricultor andino es Dole, una compañía agroindustrial que vende frutas y verduras frescas, alimentos procesados y flores a millones de consumidores en Estados Unidos, Canadá, Europa y algunos países asiáticos.

En 1998, Dole Food Company estableció una división de floricultura con la compra de Sunburst Farms, la empresa importadora y distribuidora de flores más grande de Estados Unidos. Hoy en día, el 4 por ciento de los ingresos de Dole proviene de la venta de flores frescas, lo que significa aproximadamente 174 millones de dólares. Según la ONG estadounidense International Labor Rights Fund, que monitorea el cumplimiento de los derechos laborales en el sector floricultor, Dole ya produce en 23 distintas fincas de Colombia y Ecuador, y controla el 20 por ciento de las exportaciones de flores del mercado colombiano, con un envío de más de 90 por ciento a Estados Unidos.

Responsabilidad social

Dole juega un papel activo en la Asociación Colombiana de Exportadores de Flores (Asocolflores). Según este gremio, sus actividades no sólo están enfocadas en aumentar las exportaciones de flores, sino también en beneficiar a los trabajadores del sector a través de programas que mejoran las condiciones cotidianas, principalmente para el 65 por ciento de empleados del sector que son mujeres, con guarderías, alimentos y vivienda subsidiados, y una iniciativa para impedir la violencia doméstica.

Sin embargo, algunos trabajadores de Splendor Flowers, un subsidiario de Dole ubicado en el municipio de Facatativá, Colombia, han dicho que la conducta de la empresa no es siempre tan ejemplar. Como respuesta a las largas jornadas de trabajo con horas extras obligatorias en las temporadas altas, el ritmo agitado de las labores que causan enfermedades profesionales como el síndrome de túnel carpiano y lesiones en la columna, y el despido de trabajadores viejos y enfermos, un grupo de 27 empleados de Splendor creó el sindicato independiente Sintrasplendor en noviembre de 2004 para poder defender sus derechos laborales colectivamente.

La reacción de la filial de Dole a la creación del sindicato no fue muy positiva. Según Alejandro Torres, asesor de Sintrasplendor, la empresa ha asignado horas extras para los días en los cuales el sindicato ha programado reuniones de sus afiliados; ha chantajeado a los trabajadores para que renuncien al sindicato y se unan a Sinaltraflor, un sindicato reconocido como patronalista; e incluso ha despedido a cinco activistas sindicales, aun cuando contaban con un fuero que los protegía.

A pesar de las maniobras de la empresa, Sintrasplendor hoy en día cuenta con más de 700 afiliados, pero la empresa aún sigue con sus intentos de desconocer el derecho de asociación de estos trabajadores, a través de su intento de impugnar el registro sindical de la organización otorgado por el Ministerio de Protección Social de Colombia.

No sólo en el sector floricultor, sino también en el sector bananero andino hay alegatos de violaciones de los derechos laborales de los trabajadores, de los proveedores y subsidiarios de Dole. Según la ONG estadounidense US Labor Education in the Americas Project, en sólo dos de las decenas de fincas bananeras proveedoras de Dole en Ecuador hay presencia de organizaciones sindicales, y hay una política generalizada de despedir y crear listas negras de trabajadores que han mostrado "actitudes pro sindicales". Además, de acuerdo con un informe de la ONG Human Rights Watch, hay un uso amplio del trabajo infantil en las fincas bananeras de Dole, donde los niños trabajadores están expuestos a pesticidas peligrosos y no tienen la oportunidad de estudiar. En Colombia, donde la mayoría de los trabajadores bananeros son sindicalizados, no hay ninguna presencia sindical en las fincas proveedoras de Dole y el grueso de los trabajadores de ellas tienen contratos temporales precarios que no les ofrecen ninguna estabilidad laboral.

A pesar de estas declaraciones de mal comportamiento por parte de Dole en la región andina, la ETN ganó el primer premio sobre ética en el lugar de trabajo de Social Accountability International, una ONG estadounidense que hace una veeduría de la responsabilidad social empresarial de las ETN procedentes de aquel país.

Mecanismos

Dole no es la única ETN con presencia en la región andina acusada de violar los derechos de sus trabajadores. Hay alegatos serios en contra de empresas tan variadas como Drummond Mining, Telefónica y Coca-Cola. ¿Cómo se resuelve este conflicto entre la falta de respeto de los derechos laborales básicos y la necesidad de promover la inversión extranjera directa como un motor de crecimiento para la región andina?

Un mecanismo podría ser a través del Tratado de Libre Comercio (TLC) que se está negociando entre EE.UU., Ecuador, Perú y Colombia. Con el TLC, las ETN estadounidenses tendrán más acceso a los mercados andinos, pero al mismo tiempo estarán obligadas a respetar ciertos derechos laborales protegidos por el capítulo laboral del tratado.

Otro mecanismo podría ser el desarrollo de iniciativas multilaterales, como las normas sobre las responsabilidades de las empresas transnacionales y otras empresas comerciales en la esfera de los derechos humanos promovidas por la ONU, que también obligarían a las ETN a cumplir con algunos derechos mínimos para el beneficio de las comunidades en las que operan, y para los trabajadores que contribuyen a la creación de sus ganancias.

Lo cierto es que la responsabilidad social empresarial hoy en día no es sólo un reto, sino una necesidad en esta época globalizada, para que toda la población andina se pueda beneficiar con los cambios económicos que están transformando nuestros países.

(*) Investigadora de la Escuela Nacional Sindical de Colombia.